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Países - Relatos y Fotos

Laberinto o relato de un arribo

¿Intentaría pedir ayuda? ¿Me pararía en una esquina con el mapa abierto mirando no sé qué a no sé dónde, a la espera de que algún transeúnte se apiade y se acerque? De puro orgullo desisto de la idea, pero el desasosiego se apodera mí: no puede ser me digo. Cautivado por ese montón de diferencias vuelvo al mapa, todas las referencias están más o menos en su lugar, algunas se pueden localizar. Camino, voy y vuelvo buscando, pero al intentar encadenarlas para encontrar y encontrarme en el punto en el que estoy, nunca coinciden. Cada una es hallable por separado pero no puedo unirlas para localizar dónde estoy en este espacio.
Un mapa, una flecha, un GPS funcionan para localizar sitios que solo existen cuando el que los necesita los constituye, usa y habita. Cuando esta práctica subjetiva es compartida el resultado es ese efecto por el cual si por arte de magia cualquiera de nosotros apareciera en un barrio de una ciudad desconocida aún cuando hable otro idioma, entendería su lógica, porque las formas de construcción espacial son compartidas; y porque como efecto de retorno me reconozco en un espacio. En ese caso a lo sumo podría perderme, es decir equivocar, como puede pasar en Buenos aires, el rumbo.
Es necesario volver a plantear la circunstancia. Sé como volver al hotel, fui tratando de dejar pequeñas miguitas de recuerdos en el camino; a esa altura no sería un problema es el mediodía y hay tiempo. Pero ¿cómo es posible que todo esté en su lugar y al mismo tiempo no lo encuentre? Es que no veo los puntos en el mapa? Si están ahí ¡! Diría solo que puedo mirarlos.
Intento vanamente comprender algo de lo que aquí sucede.
Tengo que admitirlo estoy extraviado. No se trata del problema de cómo regreso seguro ni de un rumbo equivocado sino de algo para lo cual no encuentro palabras. Es un efecto instantáneo, me pregunto quién o qué es el extraviado, ¿es mi cuerpo, errante por pasajes llenos de vendedores que se acercan y con gestos grandilocuentes me invitan a comprarles? ¿Es mi raciocinio el extraviado qué no llega a armar una escala con los puntos de referencia en un mapa? ¿Será qué mi cuerpo llegó hace unas horas y mi alma todavía está en camino atrasada en alguna añoranza?
Podrá ser así me digo y me dispongo a deambular y errar mientras miro, escucho, huelo.
La calle es un espacio lleno de estímulos que parecen desordenados y caóticos: bocinas, gritos, olores, roces. La tracción es a sangre, la mayoría camina o se sube a “taxis” que por pocas rupias y mucho pedaleo te trasladan sin importar la distancia o la pendiente. En la avenida central pequeñas furgonetas anuncian a bocinazos y gritos sus destinos, parecieran que van rápido, pero no es así ya que nada los apura. Todos de alguna manera esperan, hablando, meando o escupiendo. Impresiona esa costumbre. Un vendedor respetuoso y correcto, el mozo de un pequeño café, la estudiante que aguarda, todos, sin distinción, escupen una y otra vez frente a mi atónita. Muchas veces despiden de sus bocas una extraña amalgama de color rojo que preparan envolviendo un polvo en una pequeña hoja como de parra; al hablar o sonreír su boca se muestra pintada y sus dientes coloreados, parecen sangrantes. Las calles, las paredes están llenas de manchas rojas. Con ese mismo tinte de gusto incierto y levemente alcalino marcan sus imágenes callejeras y sus frentes como una ofrenda a los dioses. Eso sí a la entrada de mi bodegón preferido un pequeño lavabo, escala obligada si no se quiere ser mal visto ya que la comida se sirve y se ingiere sin cubiertos, con la mano. Este modo para mí siempre tentador y exquisito de comer no es tan sencillo como parece, especialmente teniendo siempre arroz como el plato central de todo menú. El desafío consiste en armar el pequeño bollo blanco con algún acompañamiento de verdura o pollo sin que se desarme antes de llegar a la boca y sin olvidar calcular el tamaño. Además, por supuesto recordando hacerlo siempre con la mano derecha; la izquierda está reservada para su uso en el baño.
Todo es demasía, desproporción, atropello y desorden como estas impresiones. Cualquier intento de rescate o reconquista es en vano. Más que estar perdido algo se perdió. Un camino una dirección sería lo mas fácil de recobrar, lo que se olvida se puede recordar, lo que se extravía… recuperar, lo que se abandona… reconquistar, pero la pérdidas tienen otras vicisitudes, a lo sumo queda algún desordenado recuerdo, como este que estoy contando aquí.
Qué se perdió?, si solo fueran otras costumbres sería simplemente cuestión de adiestrarse a nuevos hábitos o prácticas y de alguna manera sería mas fácil. Aquí dios está vivo y saludable, los hombres y mujeres se diferencian primero por su casta, la higiene o limpieza no son valores excepto cuando se la venden a un extranjero, el sol marca el tiempo y no porque no tengan relojes, hay más vacas que perros, y todavía quedan prohibiciones.

Hierve Gobi (un paseo por Mongolia)

El camino tiene por destino el sur de Mongolia, la provincia de Gobi. De la capital Ulanbatar hasta la frontera sur con china no debe de haber mas de 1000km, pero llegar a ese punto lleva no menos de cinco días de viaje, (mas el regreso) así que el punto final sera Dalanzadgad, la capital de Gobi.

Como los “micros” locales salen recién una vez completados todos los asientos y la espera se vuelve desconcertante hasta que se completan todas las localidades, la opción de contratar un jeep con otros viajeros ha sido lo mas rápido.

Urkad, es el orgulloso dueño del transporte. Tiene la ultima tecnología rusa de los años 60: doble tracción  parabrisas rebatible, caja de quinta, pasacassete, asientos desmontables y una robustez que impacta. Su color gris me hace imaginar a la helada Siberia. Para los camaradas que viajan adelante ventanillas rebatibles y para los de atrás un ventilete que sera desde el comienzo el único contacto con el aire exterior. (aire?)

Con una buena dotación de agua, partimos.

Ni bien pasados los primeros kilómetros  la ruta desaparece. Estaba advertido: Mongolia solo dispone de 200 km de ruta asfaltada, no me tocaron ni 200 mt.

El camino consta de una multiplicidad de lineas y senderos que nuestro conductor va eligiendo y cambiando de acuerdo al estado del camino. Puede salirse de la marca en un giro de 90 grados hacer 400 metros hasta encontrar otra huella y retomar la dirección en la que estábamos o seguir interminables, indescifrables o imaginarios caminos.

Hierve el Gobi.

El sol se ríe de nosotros, aquí es verano. Da lo mismo parar, andar, no hay donde esconderse. La cámara de vídeo del viajero Danes ni se puede prender por la temperatura, la mía se apaga a los minutos

Hierven los anteojos que llevo puesto.

Hierve el asiento

Hierve cada centímetro cuadrado que toco

Hierve cada centímetro cubico de aire.

El paisaje es levemente verde, muy rocoso y con leves ondulaciones. No se puede decir que Gobi esta desierto. Por el contrario parece un lugar con vida. Hay camellos, caballos, águilas  algunas pasturas, y gente. En el camino se ven sus casas los “Gers” que serán también la mía durante este trayecto.

En cada uno de los días que se buscaba algún ger para dormir se repetía la misma escena. Urkad que se detiene, no baja hasta estar seguro que el perro no lo va a morder y luego entra al ger. A veces acompañado por alguno de nosotros. Siempre somos invitados con un te mongol y una pasta dura hecha con leche de camello y que por lo que entendí es un agasajo que no esta bien visto rechazar. No siempre los dueños quieren alquilar su casa así que a veces lo mas sencillo es encontrar algún campamento, que no es mas que un mongol que harto de mudarse cada vez que le piden alojamiento pudo comprar dos o tres gers y tener una entrada extra.

Hierve Gobi.

El agua se vuelve un problema, no se puede tomar. Si a las botellas compradas se le agrega un poco de café sale un expreso, y si me mojo siento que me estoy duchando con agua caliente.
En el Ger capto algo como de un campamento para alemanes no lejos de donde estamos parando. Así que me acerco a Urkad y le digo “agua” parece no entender de mi necesidad que este fría así que cambio la palabra y dijo:

- Beerrr (cerveza)

Se ríe.

No se lo ve muy convencido así que refuerzo la propuesta

- Vodka

Me contesta

- Rusian

Parece que tiene pretensiones, así que le subo la apuesta y le hago saber que voy a manejar.
Se ríe y acuerda.

Diez minutos de trayecto, nos separaban de la gloria en botella. No se puede decir que estaba fría pero Gobi dejo de hervir.


El paisaje cambia. Ya hay dunas y el suelo se volvió arenoso aunque mantiene las rocas. La temperatura bajo ya que el cielo se ha ido nublando. Hace rato que en el camino ni muy a lo lejos se ve algún ser vivo.

Urkad parece inquieto, cambia de senderos, aumenta la velocidad, al tiempo se detiene. Queda claro, nos trasmite que esta perdido.
La guía de viaje alertaba, sobre los aspectos a tener en cuenta al contratar los servicios de los conductores y hasta recomendaba algunos. Urkad nos convenció por su simpatía y disposición.
Aquí, detenido, con el cielo nublado en el medio del desierto me alegro, evidentemente fue la elección correcta.cion correcta.

Mongolia - Nada sobra

La puerta se abre, miran sin sorpresa, me están esperando? Me conocen? Las manos indican la mesa. La mujer saca una gran tetera, busca la leche y un poco de agua mientras su hija prende el fuego de la cocina. El Te, made in argentina, es un bloque duro, compactado que rompe con un martillo y arroja a la olla, luego un poco de sal. Mientras se espera, un refresco de leche fermentada o de yogurt a veces de leche de cabra a veces de yak, a veces de yegua a veces de camello lo que obtengan del día. Antes llegar a hervir el té está servido en un tazón y antes de estar en las manos dos cucharadas de manteca de derriten y flotan en el líquido. No hay que ser tímido al momento de estirar la mano y tomar algo de la mesa, es lo que se espera, y solo están atentos a que el tazón no se vacíe. Luego de las presentaciones acercan sus fotos familiares. Gastados álbumes, seguramente de tanto mostrar, imágenes que los presentan quietos, serios, parados como soldados sin la menor gracia, pero con orgullo. Luego pueden cantar, se acompañan por un instrumento de dos cuerdas que tocan con gran habilidad. Sin azúcar, porque la tierra no la da, sin frutas porque la tierra no la da, sin facturas porque la panadería no está, en la mesa están los platos, la comida que sus ancestros aprendieron a tomar de los animales, las plantas, el suelo el cielo. En la casa objetos que consiguen por lo que la tierra les da. Sin excedentes la vida se ordena sin la acumulación, a veces obligados porque no podrian conservar un sobrante de carne o leche; o porque tal vez solo se tiene lo que se usa. Bien podrían matar dos cabritos, ir al pueblo mas cercano venderlos y, al comprar algo decir: deme dos, o llevo esto por las dudas. Aquí no hay trastos, ni chatarra, ni porquerias, ni tacho de basura, ni cajas con olvidados objetos ni nada que no se use. Sería precipitarse concluir que carecen o son pobres. Si algo produce curiosidad y mucha, son los objetos, están pendientes, alertas de lo que pueda sacar de la mochila y preguntan sobre la funcionalidad de cada uno. Y si bien algún regalo es agradecido no dudan con gran ingenuidad rechazarlo a cambio de algo visto, prefieren un cuchillo, una vieja linterna, la manteca para los labios, un pedazo de soga. Ni el colorido bloc de hojas, ni el reloj, ni los mapas de la zona, ni una lata de cerveza, ni la remera de la argentina con el 10 en la espalda; a esta altura ese desinterés que siento infame e incomprensible me acerca a ellos. Ollas, sartenes, cocina, comida, vajillas, alacena, vasijas. Camas, ropa, zapatillas, botas, abrigos, sombreros, bolsos, carteras. Espejos, cadenas, anillos, bijou. Cuchillos, linternas, rebenques. Toallas, frazadas, almohadas, alfombras. Mesa, adornos, luz, lápices, papel, fotos, recuerdos, historia, música, canto. Televisión, dvd, celular, antenas, Viaje de egresados, Caballos, escuelas, motos, remedios. Cabras, corral, sogas, palas, Dinero, valores, cartas, correo. Algo puede faltar pero seguro nada va a sobrar

India Pica

La experiencia de excesos que parecen imposibles, inconciliables y desproporcionados se vive en la calle a cada paso, fundiéndose en un mismo lugar y tiempo llegando al cuerpo y al alma por los sentidos. No se trata de cantidad porque no se puede medir, se trata de lo inasimilable de lo aparentemente contradictorio que despierta, incomoda y punza como un aguijón. Lo inasible aparece ante los ojos como contradicción a veces insoportable, en una forma que es necesario dosificar y que provoca la alteración de la naturaleza de lo que parece reconocible. De repente una vaca se transforma en sagrada, una rata en una reencarnación, un semejante solo reconocido por su casta. En ese proceso los sentidos se trastornan, bullen, pican, es que no solamente pica la boca con cualquier comida, aquí pica el alma, pica el tumulto, pica el te, la calle se vuelve pegajosa y el tumulto raspa, suda, golpea empuja; el olor es curry y sudor lo sagrado es lo profano, los ruidos oraciones. Nada y todo están en su lugar en un armonioso caos en el cuál me pregunto cómo pueden vivir. ¿cómo lo hacen? ¿qué formas subjetivas habitan? Nos entendemos y conectamos por vocablos pero las palabras son otra cosa, las preguntas no pueden ser respondidas porque ni siquiera interrogan. Ese es el efecto del otro mundo, las mismas máquinas, la misma coca cola, el mismo teléfono, el mismo Internet, pero otra dimensión de lo que representan, una que las transforma en objetos diferentes. Como siempre las palabras mandan pero aquí son solo etiquetas. Hay un imposible y eso es el comprender o en tal caso solo se podrá captar una ruptura. Es extraño, a veces nuestras rupturas generan risa, son los chistes, aquí producen perplejidad a veces un poco de ira. Ellos sí se ríen, se ríen de mí soy su chiste, me sacan fotos con sus máquinas, las mismas que hacen en china y que compramos acá a la vuelta. Me piden que pose con ellos, Una vez más las preguntas solo son formas de expresar rupturas. Aquí uno es el extraño, así te viven; a cada paso te recuerdan que estas aquí y sos un invitado, un desconocido un incompresible. El día que podamos explicar lo que pasa, algo habrá cambiado aquí, por eso solo puede haber cronistas, es un lugar perfecto para callarse la boca y mirar, mirar, mirar, después se pone el sol, suenan algunas campanas y de repente es la noche.

Distancias

La puerta se abre, no mide mas de un metro y medio y como es costumbre en estas tierras tirando de ella hacia afuera. Adentro un hombre de unos 50 años limpia su cuchillo mientras una mujer bate un recipiente del cual se derrama algo que parece ser leche. Dos adolescentes la ayudan colando en una tela un viscoso líquido blanco. No hay forma de avisar, no hay timbre, ni es usual el grito o el permiso, solo hay que entrar. Enseguida la seña de invitación a sentarse, las mujeres dejan rápidamente sus tareas y como si estuvieran previamente organizadas se distribuyen en los preparativos: limpiar la mesa, que no tiene mas de 30cm de altura, ir a buscar algunos alimentos a una pequeña alacena, encender el fuego y poner a calentar el te. La casa tiene forma circular con espacios bien diferenciados: a la derecha de la puerta un pequeño mueble con algunas ollas y algunas vasijas con alimentos que luego invitarán, un bidón con agua y varios recipientes con diferentes preparados sólidos, semisólidos y líquidos a base de leche. Al lado respetando la línea circular, cuatro coloridas y adornadas camas. Luego un generoso espacio para la mesa cerca de la estufa que hace también de cocina ubicada en el centro. No falta en cualquier casa una cajonera habitualmente naranja con filetes de varios colores. Sobre ésta en el centro un espejo y a los costados cuadros con fotos familiares. Por último una pila de valijas y casi ya a la izquierda de la puerta, en lo que es una vuelta completa, un espejo con algunos peines y cepillos de dientes. La mitad el piso en especial alrededor de la mesa tiene unas alfombras de pelo de yak o cabra; el resto otra alfombra pero esta es verde y natural. Parece que hace poco han llegado ya que el pasto aún no se ha secado. Las paredes hechas con una simple estructura de madera enlazada están recubiertas de coloridos tapices de formas arábigas, sobre los tapices mas fotos, algunas pieles de lobo u otros objetos de uso diario: algún cuchillo, una cartera, un telar, un instrumento musical. Una serie de listones de madera que se apoyan en la estructura circular convergen a un par de metros de altura en un circulo central, única entrada de luz y aire. Sobre esos listones muchas veces pintados con vivos colores dos o tres capas de telas hacen de techo. Y aunque todas las casas, absolutamente todas mantienen en mismo formato, distribución, estructura y estética, no son parte de ningún plan gubernamental de vivienda ni de una opción económica de crédito hipotecario, ni la última moda en desarrollo arquitectónico. Estos cálidos y acogedores hogares participan de aquello que es su elección y forma de vida. Estas casas no se mueven como una casa rodante, deben poder desarmarse fácilmente, una o dos veces por año para volver a armarse en otro lugar. Los traslados son sencillos, no hay alambres que separen parcelas ni caminos exclusivos con itinerarios prefijados, se puede llegar a un punto por varias sendas, la que quieras, la mas larga o la mas corta, la que pasa por el río o por el valle, con vista al lago o a la montaña, parando en cualquier casa para ser recibido con un te y dormir si es necesario. No hay que estar en ninguna estación de micros a ninguna hora, una camioneta puede pasar en cualquier momento y bastará que vea alguna señal para que se acerque y aunque atestada de gente haga un lugar. Circulan, como lo hicieron sus abuelos y los abuelos de sus abuelos y todos los que nacieron aquí. Un camino sin senda, una dirección sin rumbo, ¿que fuerza los insta a caminar con todas sus pertenencias sobre ésta tierra? ¿Añorarán lugares habitados, recordarán con nostalgia o alegría una vista, un lago, un árbol, al cual pueden volver cuando quieran? Cuidado, esta gente no se muda, porque mudarse implica una propiedad un dominio, además, con lo estresantes que son las mudanzas ni me imagino como soportarían dos al año. No son errantes, porque no están perdidos; buscan y deciden a donde ir. Bien podrían acercarse entre sí y organizase en post de un mayor confort como agua corriente o luz eléctrica o acercarse en invierno a algún suburbio urbano para estar mas juntos o estar cerca de un supermercado o de un teléfono. Nada se los impide.
 ¿Y si en realidad no se mueven? ¿Y si somos nosotros los que transitamos por calles, avenidas, los que recorremos caminos, los que andamos de aca para allá, los que deambulamos de lugar en lugar, los que nos movemos por la tierra y por las rutas?

Movimiento


Acompaño la ola de gente siguiendo las sucesivas direcciones que van marcando. En el camino personas rezando en pequeños templos, o frente a imágenes, calles donde autos, motos o bicicletas van en el sentido que necesitan y no en el impuesto por una flecha, algunas vestimentas extrañas, bullicio, comida callejera, ofertas de todo tipo.
En los bolsillos: el inútil mapa, la cámara, algo de dinero, y algo mas: un reloj. A esa altura la única referencia conocida que queda, casi mi última esperanza. Unos días antes y por primera vez en mi vida había comprado uno después que en mi adolescencia dejara de funcionar uno de esos regalos familiares que de alguna manera te introducen ritualmente en nuestro mundo concocido.
En los bolsillos también algunas frases escritas en signos desconocidas que pedí me escribieran antes de salir del hotel.
Miro esa hoja arrancada de la libreta de viaje, así empezó a escribirse: arrancando una parte y trazando como garabatos palabras ocultas en extrañas líneas curvas y rectas sin puntos, comas o espacios. Los primeros registros en ella eran incomprensibles para el que se suponía debería ser su cronista y contenían mucho mas que una dirección, necesitaban para que funcionaran de mi confianza.
Qué dirían esos signos? Cuantas cosas podrían estar escritas mas allá de mi voluntad y de mi comprensión en un lenguaje que en su origen cuando necesita negar no utiliza el “no” porque carece de esa forma discursiva.
No hay otra opción, he perdido algo y solo me queda confiar.
La caminata se transforma en un pequeño viaje a un templo en una colina cercana. Al rato me detengo aceptando la oferta de un té callejero, por lo visto a cambio de que el oferente sacie su curiosidad con el extraño y practique su inglés. Al tiempo la escena comienza a cambiar, menos gente, puertas que se empiezan a cerrar, pasos que se apuran.
Salvo por los puntos de inicio o final de los recorridos, aquí no hay paradas de colectivo, muy pocos tienen alguna identificación; el sistema se basa en los gritos que el cobrador del pasaje emite colgado del estribo anunciando el punto al cual se dirigen, por eso es necesario mi pequeña hoja de garabatos lineales.

Creo tener en mis bolsillos lo necesario. Antes de despedirme de mi interlocutor le pregunto sobre cómo moverme para mi tranquilidad en la vuelta, nada especial, como llegué debía volver sin precaución alguna. Miro el reloj, considero que hay tiempo, puedo caminar un rato más aprovechando incluso que alrededor el movimiento comienza a apaciguarse.
Así que, ya en el último intento de prolongar la conversación, le pregunto por su hora de cierre, y a qué hora pasa el colectivo para el regreso.
La respuesta se expresa como obvia: - “Cuando baja el sol”.
¿Y a que hora es eso? - le pregunto mirando mi reloj
La respuesta no deja de ser obvia: no lo sé dijo tranquilamente.
Miro al cielo, en los huecos de las bajas casas solo se ven nubes.

babu


Babú está frente a su computadora, es el dueño de un pequeño local, una especie de cyber en una pequeña ciudad. Creo que anda navegando por you tuve y chateando a la vez, me atiende con gran amabilidad, (como siempre en estos casos soy un poco desconfiado y me pregunto si valgo tanto por unas pocas rupias)
En mi desesperado y constante intento de comprender lo incompresible no cuesta mucho empezar a hablar, algo de lo de siempre: el matrimonio, el sexo, la vaca. Tiene 28 años y un hijo, su mujer trabaja como maestra; me aclara que su padre es brahma y que está a cargo del cuidado de uno de los cientos de templos de la ciudad, él lo es también, así que se turnan en semanalmente en ese trabajo. Se que no es un trabajo pero saberlo, querer comprenderlo está muy lejos de la posibilidad, si es que existe, de aclararme algo de lo que aquí sucede.
Brahma: dícese de una de las cuatro posibilidades, (la jerárquicamente superior) dentro de las cuales podes nacer y que forma (aunque hoy debilitado en especial en las grandes ciudades) la estructura básica de esta sociedad llamada castas. Aunque están a su vez dividas en cientos de grupos pueden determinar la ocupación u oficio en este caso sacerdotes o maestros. Y si bien brahma es la posición mas alta y suelen ser los mas acomodados, no indica nivel económico ni cultural.
El sueño capitalista padece aquí insomnio, no hay movilidad entre las castas ni gremio que las represente. Naces sudra (campesino) y terminarás sudra. Pero… si vivís honradamente y cumplís con el Dharma, algo así como el deber moral hacia el otro, tenés algunos puntos mas para reencarnarte en una casta superior. Pero las definiciones poco aportan en ese momento, comprender por el diccionario es tomarme un avión que me lleva de vuelta en par de segundos muy lejos de este lugar.
Aquí también se habla de mujeres, Babú tampoco se queda con ninguna pregunta, cuando siento que es mi turno me cuenta con mucho orgullo de su esposa, de su hijito de un año, de su elección.
- donde la conociste?
- Silencio…Mi mira sorprendido, habré pronunciado bien me pregunto?
Y mientras se toma unos segundos para cerrar el messeger me cuenta que luego de una ansiosa y gran expectante espera, su padre había encontrado la mejor mujer para él, No la conocía ni se conocieron hasta el día de la boda, hace un par de años, aunque me confesó que tuvo el atrevimiento de pedirle una foto a su padre.
No es solamente una tradición, Babú se esfuerza en aclarar que su padre es quien mejor lo conoce y quien mejor puede decidir eso, además fue quien arregló con su suegro la dote por el casamiento que consistió en todos los muebles y el equipamiento de la casa.
Lo escucho, la mente se nubla en recuerdos, mi madre que me dice…nene esa chica no es para vos, cuanta razón tenia, cuanto sufrimiento me hubiese ahorrado. Será lo mismo me pregunto?
Necesito tensionar…Pero che Babú… si pasa una mina que esta muy buena y te guiña el ojo, vos que haces?
Babu me mira otra vez, no entendió la pregunta, estoy seguro que no pronunciación, evidentemente el inglés solo nos conecta.

Un gran Problema


Pido un té. Su sabor me resulta extraño, picante, casi como para desconfiar. Le pregunto al dueño quien compensa mi desconfianza con una sonrisa y una pregunta ¿de donde provengo? Aunque parece conocer bastante de criket empieza por el fútbol. En mis idas y vueltas comparto algunos momentos. Ahí está Sajeev siempre dispuesto a hacerme probar unos dulces que saboreo en mis recuerdos y acepto en todas sus formas y colores.
Sentado con mi te picante por el jengibre miro alrededor. Tal vez algún recuerdo añorado me lleva a pedir algo diferente, es que cuesta acostumbrarse. Aquí todo es picante, todo mancha y se escurre entre los dedos en ese fallido intento de retener algo, donde lleva tiempo advertir que cada vez que se intenta comprender, ese sentido buscado está condenado a escabullirse y que a lo sumo solo podrá captarse una imagen fotográfica o registrase en una crónica. Por el contrario cada vez que se excluya ese intento se pone un pié más en esta tierra.
Sentado con mi te picante por el jengibre miro alrededor. Un poco perdido o estando mi cuerpo sentado y mi alma buscando alguna respuesta en alguna enciclopedia le pregunto a Sajeev hincha de mecí y experto docente en criket con quien ya hemos ganado confianza si tiene algo para comer, algo como… carne.
Sentado con mi te picante por el jengibre miro alrededor, en esas calles estrechas, laberínticas donde no transitan los autos ni el tiempo porque se perderían, por eso están detenidos, hay un claro. Lo de claro es solo una referencia un poco poética algo novelesca y casi eufemística. Hay vendedores, griterío, barro, imágenes religiosas, cientos de transeúntes, pobreza, riqueza, vacas, comida, especias, aromas, baratijas, fricción, campanas, rezos y quien sabe cuantas cosas mas que no puedo ver sin que todo en un mismo espacio y tiempo altere la esencia de este lugar por que es ella misma la que ahí vive. Así es la vida que tienen, sin límite entre lo sagrado y lo profano. Lo íntimo, lo propio y particular desaparece, se funde en un tumulto que arrastra todo lo que encuentra a su paso y lo transforma en una masa compacta que envuelve todo en un revoltijo.
Revoltijo dije? ellos; son la síntesis de la mas increíble dialéctica que ni el mas fiel y exitoso hegeliano podría haber encontrado y que contiene, reúne y concentra en un abrazo toda contradicción.
Sentado con mi te picante por el jengibre miro alrededor, en otra mesa Sajeev dueño de un pequeño puesto me comenta algunas novedades del día mientras lee el diario, hasta que le pido algo de comer, algo como… no se necesito comer carne.
Me mira, por un instante reflexiono debería saberlo me digo, aunque a esta altura ese verbo tendría que desaparecer. Shiva uno de los dioses mas importantes y venerados sin el cual la creación no tendría lugar ya que su papel es la destrucción se mueve sobre un toro. Tiene un símbolo que lo representa, un falo y tiene residencia, el monte Kailash cerca de aquí en el himalaya. También tiene gustos y placeres como fumar hachis. Si matamos el toro, Shiva perdería su vehículo y no se movería.
OK le digo un poco harto y saturado de tanto tolerancia toros no,
Y las Vacas?
Vuelve a mirarme, esta vez diferente. Puedo desconocer el vehículo de shiva, al fin y al cabo soy un cristiano occidental que nació en un tierra que tiene un dios que se murió, no está en ningún lugar, no se mueve, está representado por una imagen sufriente y sin vida, no se da ningún placer y no destruye nada, eso se lo deja a su archienemigo el diablo sin el cual nos dicen viviríamos mejor. Parecería que estoy perdonado con esos antecedentes, es mas creo que hasta se compadece de mi por esta marca de nacimiento pero: matar a una vaca?
Y dice si titubear con las mas absoluta certeza: is your mother, es tu madre. La que te dio la leche cuando eras niño. Si digámoslo, a que perversa, viciosa y corrompida mente se le puede ocurrir matar a su madre. Es que no tenés sentimientos?
En un instante todo se hace polvo, Dios, el diablo, el vacío con papas, mi madre.
Sajeev me pregunta
Que hacen Uds. con las vacas?
Las matamos y las comemos.
Sajeev mira y me dice:
Uds. tienen un grave problema.

No hay que resistirse, ni intentar salvaguardar la lógica ni el sentido común, por el contrario hay que dejarlas como una ofrenda para que Shiva se la lleve montado en su toro mientras fuma, seguramente cagándose de risa de mi.

Birmania el camino de las aldeas

Alrededor de Kalow hay diseminadas aldeas bien diferenciadas, el rasgo que las identifica y 3ª distingue es la proveniencia étnica de sus habitantes. En todas se trabaja la tierra de manera rudimentaria, arando con bueyes en pequeñas parcelas claramente divididas. No hay otra manera que caminarlas, no hay rutas ni caminos solo senderos que se dividen y encuentran.

Cada lugar es una experiencia distinta y fascinante. El sendero atraviesa colinas, en el camino nos cruzamos con los habitantes del lugar cargados de leña o víveres. El paisaje es pacificador y el camino ameno. Si nos cruzamos con grupos de chicos, entre risas se acercan para acompañar un tramo. No hablan inglés pero se adivina curiosidad. Namtú hace de traductor hablan de su colegio y su familia y solo conocen la argentina porque Messi nació allá. Las Aldeas parecen organizadas, son sencillas pero demuestran cierta dignidad; las casas elevadas tiene paredes de madera con techos sólidos y son muy parecidas entre si. Las elevan por lo menos un piso porque, en épocas de las lluvias del monzón, entre marzo y agosto el agua baja con fuerza de las colinas y las casas se derrumban o quedan atrapadas en un mar de lodo.



Cada llegada es un pequeño alboroto, a veces los chicos se acercan para vender alguna tela o recuerdo. Imposible saber el nombre de los lugares, solo se representaban y diferenciaban por los colores y las características de los habitantes de cada lugar. Aparentemente todos de dialectos diferentes incluso desconocidos para el guía Namtú ,  las aldeas son un conglomerado de casas atravesadas por el sendero principal que las conecta. Al caminar entre ellas se abrían las ventanas y se alzaba una mano para saludar. Casi no vi hombres solo mujeres y niños que jugaban y corrían.
Un poco alejado de cada aldea está el monasterio. Espacios amplios, abiertos y con toda la escenografía y decoración budista. También elevados, completamente construidos en madera la mayoría estaba habitado por un solo monje. Al ingresar siempre ofrece un te y frutas, alguno dispuesto a hablar cuenta su historia. Escapado de joven de una guerra encuentra en su camino el monasterio donde es alojado. Hasta hoy vive allí de la caridad de sus vecinos.


El te es una invitación a compartir, siempre el futbol es un buen comienzo, muy actualizados los monjes comentan sobre messi y la argentina. El monasterio no es un lugar solitario, los monjes siempre están acompañados por sus vecinos que pasan para rezar o tomar algo de te. También están los chicos que juegan afuera al futbol; y en alguno un pequeño monje de diez o doce años hace de aprendiz. Luego del te, los saludos y los deseos de fortuna y paz continúa el camino.

Colina abajo la escuela, dos aulas y una maestra que hacía leer en voz alta del pizarrón. Pareciera que estuvieran rezando. Los pequeños se acercan y como siempre ríen. En sus bancos alargados donde entran cinco o seis de ellos nada mas que un cuaderno y un lápiz. Algún afortunado tiene además un manojo de colores. Mi presencia altera la clase con gritos y desorden y la maestra llama con dos campanadas al recreo.

Salen corriendo, algunos se acercan para ver las fotos sacadas otros raudamente van hacia el “patio” de la escuela, aunque el patio es el campo mismo. En la zona de juegos el buey que los duplica en altura y con cuernos como para asustar y respetar, hace a la manera de triciclo viviente. Gira su cabeza y mirá impávido la sonrisa de esos chicos  moviéndose al pedido, que con una rama golpeando sus nalgas, hace el jinete. Me imagino a la bestia esperando el momento de la campana para romper sus monótonas horas de pasto y arado con la aparición de esa marea bulliciosa y divertida.



Los saludos y la despedida es a cada uno, los miro fijo a los ojos desconociendo todo de ellos pero queriendo saber algo, algún rasgo o sello que me permita recordarlos antes de seguir camino.

El día fue largo e intenso, cansador para el cuerpo que subió colinas pero relajante y reconfortante para el alma, así que luego de casi ocho horas caminando y llegando a un caserío Namtu señala con el dedo nuestro “hotel”.
La parada para dormir es en una casa de familia (aquí no hay ningún hotel, apenas corriente eléctrica). La casa elevada sobre pilotes está habitada por una famila de granjeros de la zona. Tres jóvenes adolescentes y casi bilingües le dan alegría al lugar. Subo las escaleras, una pequeña galería con sillas antes de entrar a la casa hace de recepción además de ser el lugar donde se deben dejar los zapatos. Es costumbre en toda Birmania no ingresar con ningún calzado, incluso en algunos negocios. Pasada la galería y la puerta de entrada un gran ambiente hace de living. Luego estarán las habitaciones y la cocina, sencillas pero muy ordenadas y limpias. En el ambiente principal resalta la imagen en pie de Buda, adornado con flores y pequeñas imágenes alrededor. Este altar resalta por su tamaño y colorido y está además iluminado por la única lamparita del ambiente. No es lo único que resalta. Una de las paredes tiene imágenes de revistas con fotos de los adolescentes birmanos de moda, aunque no haya televisión ni equipo de música no parecen aislados, ni extremadamente formales. Repaso las fotos en la pared, entre la dos ventanas, al costado del espejo que seguramente utilizan todos los días, la figura de Messi. No es una foto de las mejores, no está sonriendo ni festejando, mas bien serio. En otra pared, esta vez abajo, una imagen festejando con la camiseta del Barcelona. No quise preguntar las razones de esas fotos ahí, a metros del buda y al lado del espejo.

Abajo está el baño, ordenado y limpio como la casa. La ducha se compone de un gran tonel de agua con una jarra agujereada. No está fría así que es un buen refresco para el calor y la caminata.  La casa está sobre la ladera de una colina  así que subiendo aparece el monasterio y un poco mas la cima justo para la caída del sol.

La cocina es un gran fogón sobre arena alrededor del cual la familia cocina y habla. Los chicos gritan y ríen a carcajadas. Namtú me dice que la hija del medio está nerviosa porque en dos días tiene un examen de matemática y va a estudiar con una amiga en la aldea vecina y parece que esta vecina tiene algún interés con su hermano mayor así que le estaba pidiendo que la acompañe, el chico solo se sonroja.
Al rato casi antes de la cena llega otro comensal. Parece que la casa funciona como alojamiento. Es un francés que escribe para la National Geograph y que suele parar ahí. La familia lo saluda con alegría y aparente sorpresa. La hija del medio, la mas expresiva, comienza a hablarle en francés. Namtú me dice que ella está muy contenta porque cada vez que viene puede practicar y recibir algunas clases. El francés está haciendo una nota sobre los bueyes, comenta el cuidado y la consideración que les tienen mas allá de la herramienta de trabajo que son y en especial los niños. Camina por los campos y casas sacando fotos y tomando testimonios y tiene como en este caso cuando baja el sol alguna casa conocida donde dormir.

Entre los jóvenes nos ponen la mesa para cenar, el francés me advierte que por mas que insista no voy a lograr comer con ellos, así que en un costado del salón van acercando pequeños platos que colocan sobre la mesa. La cena se sirve temprano, al bajar el sol lo que me hace pensar que el desayuno será luego del amanecer. Las camas están dispuestas a un costado del salón y son unas gruesas pieles que hacen de colchón, las familias dormirán en las habitaciones.

La mesa se ordenaba alrededor de pequeños platos de contenido indescifrable. Y solo cuando lo llevaba a la boca se distinguía si era carne o verdura pero no mucho mas. Aquello era un manjar, realmente lo era. Sabores desconocidos con semillas, verduras y salsas. No puede entender de que estaban hechos ni su preparación. Pero igualmente quedará grabado en mi recuerdo por su variedad, gusto y exquisitez.  Así como a veces pasado el tiempo una imagen vuelve a nuestra cabeza o unas palabras retumbas en nuestros oídos un sabor se graba en nuestra boca.
A la mañana siente, con la luz se empezaron a escuchar las primeras palabras y los preparativos del desayuno y de la despedida.


Salimos colina a bajo camino a otras aldeas. En las parcelas inundadas se asoman las plantas de arroz, en las de color amarillo las espigas del trigo recientemente cosechado, otras comienzan a limpiarse a fuerza de un arado de mano y un buey.
 A mitad camino, cerca del monasterio, el secadero de té. Grandes mesas al aire libre con las hebras al sol. El dueño de casa revuelve para que se secado sea parejo. Sus principales herramientas, sus manos, y su rostro están agrietadas, secas y arrugados como las hebras que se deslizan entre sus manos, pareciera que él y lo que produce se seca al sol.


 No entiende bien de nuestra visita pero enseguida nos ofrece agua caliente. Su tierra es pequeña pero le da para su subsistencia. Produce té verde, típico de la zona y de oriente, nos cuenta a través de Namtú del proceso y del trabajo. Sus hijos miran la escena


El sendero continúa; bajo los árboles sobre un soporte bien construido y bajo techo hay unas vasijas con agua. Al finalizar la cosecha, y si es buena, el dueño del lugar cercano construye este abrevadero público para quien lo necesite en su camino. Al costado una jarra de la cual servirse. El agua se guarda en unas vasijas de barro cocido que la mantiene fresca y limpia y suelen estar cerca un frondoso árbol para dar sombra al caminante.