Pido un té. Su sabor me resulta extraño, picante, casi como para desconfiar. Le pregunto al dueño quien compensa mi desconfianza con una sonrisa y una pregunta ¿de donde provengo? Aunque parece conocer bastante de criket empieza por el fútbol. En mis idas y vueltas comparto algunos momentos. Ahí está Sajeev siempre dispuesto a hacerme probar unos dulces que saboreo en mis recuerdos y acepto en todas sus formas y colores.
Sentado con mi te picante por el jengibre miro alrededor. Tal vez algún recuerdo añorado me lleva a pedir algo diferente, es que cuesta acostumbrarse. Aquí todo es picante, todo mancha y se escurre entre los dedos en ese fallido intento de retener algo, donde lleva tiempo advertir que cada vez que se intenta comprender, ese sentido buscado está condenado a escabullirse y que a lo sumo solo podrá captarse una imagen fotográfica o registrase en una crónica. Por el contrario cada vez que se excluya ese intento se pone un pié más en esta tierra.
Sentado con mi te picante por el jengibre miro alrededor. Un poco perdido o estando mi cuerpo sentado y mi alma buscando alguna respuesta en alguna enciclopedia le pregunto a Sajeev hincha de mecí y experto docente en criket con quien ya hemos ganado confianza si tiene algo para comer, algo como… carne.
Sentado con mi te picante por el jengibre miro alrededor, en esas calles estrechas, laberínticas donde no transitan los autos ni el tiempo porque se perderían, por eso están detenidos, hay un claro. Lo de claro es solo una referencia un poco poética algo novelesca y casi eufemística. Hay vendedores, griterío, barro, imágenes religiosas, cientos de transeúntes, pobreza, riqueza, vacas, comida, especias, aromas, baratijas, fricción, campanas, rezos y quien sabe cuantas cosas mas que no puedo ver sin que todo en un mismo espacio y tiempo altere la esencia de este lugar por que es ella misma la que ahí vive. Así es la vida que tienen, sin límite entre lo sagrado y lo profano. Lo íntimo, lo propio y particular desaparece, se funde en un tumulto que arrastra todo lo que encuentra a su paso y lo transforma en una masa compacta que envuelve todo en un revoltijo.
Revoltijo dije? ellos; son la síntesis de la mas increíble dialéctica que ni el mas fiel y exitoso hegeliano podría haber encontrado y que contiene, reúne y concentra en un abrazo toda contradicción.
Sentado con mi te picante por el jengibre miro alrededor, en otra mesa Sajeev dueño de un pequeño puesto me comenta algunas novedades del día mientras lee el diario, hasta que le pido algo de comer, algo como… no se necesito comer carne.
Y las Vacas?
En un instante todo se hace polvo, Dios, el diablo, el vacío con papas, mi madre.
Sajeev me pregunta
Que hacen Uds. con las vacas?
Las matamos y las comemos.
Sajeev mira y me dice:
Uds. tienen un grave problema.
No hay que resistirse, ni intentar salvaguardar la lógica ni el sentido común, por el contrario hay que dejarlas como una ofrenda para que Shiva se la lleve montado en su toro mientras fuma, seguramente cagándose de risa de mi.